Laura Tonelli, consultora en desarrollo personal: heridas de la infancia

Las 5 heridas de la infancia: qué son y cómo darte cuenta de cuál te está frenando

Te voy a contar algo sobre las heridas de la infancia que veo todo el tiempo en las consultas que me llegan.

Alguien me escribe y me dice: “No entiendo por qué siempre me pasa lo mismo”. Siempre termina en vínculos donde da todo y no recibe nada. O siente que molesta, que está de más. O no puede delegar ni una tarea porque “nadie lo va a hacer bien”. O se exige tanto que nunca, pero nunca, siente que alcanza.

Y cuando empezamos a mirar un poquito más profundo, casi siempre aparece lo mismo: una herida de la infancia que sigue hablando por nosotras, aunque ya seamos adultas.

¿Qué son las 5 heridas de la infancia?

Hay un libro que seguramente escuchaste nombrar: Las cinco heridas que impiden ser uno mismo, de Lise Bourbeau, una autora canadiense que trabajó muchísimos años acompañando personas. Ella propone que, de chicas, vivimos experiencias que nos dolieron y que, para no volver a sentir ese dolor, armamos una especie de máscara: una forma de comportarnos que nos protege.

El tema es que esa máscara, que en su momento nos salvó, de grandes nos limita. Y lo más fuerte: muchas veces creemos que la máscara somos nosotras.

Según Bourbeau, las cinco heridas emocionales son:

  • Rechazo, con la máscara de la huida
  • Abandono, con la máscara de la dependencia
  • Humillación, con la máscara masoquista
  • Traición, con la máscara controladora
  • Injusticia, con la máscara rígida

Te cuento cómo se ven en la vida real, que es lo que a mí más me interesa.

La herida de rechazo: “mejor no molesto”

Es esa sensación de estar de más. De preferir no hablar en una reunión, de no pedir lo que necesitás, de irte (física o mentalmente) cuando hay conflicto. Muchas personas que me consultan me dicen que sienten que “no encajan en ningún lado”. Ahí suele estar esta herida.

La herida de abandono: “no te vayas”

Aparece cuando un mensaje sin responder te arruina el día. Cuando te cuesta muchísimo estar sola o necesitás que otro te confirme cada decisión. No es “ser intensa”: es una parte tuya que en algún momento se sintió sola y todavía tiene miedo de volver a sentirlo.

La herida de humillación: “yo me arreglo con lo que quede”

Esta la veo muchísimo, sobre todo en mujeres que acompañan a otros: terapeutas, docentes, mamás. Se ocupan de todo el mundo menos de ellas. Les cuesta pedir, les cuesta disfrutar sin culpa, y cargan con más de lo que les corresponde.

La herida de traición: “si no lo controlo, sale mal”

Es la que te hace revisar todo dos veces, la que no te deja delegar, la que se enoja muchísimo cuando alguien llega tarde o cambia los planes. Detrás suele haber una experiencia de confiar en alguien que no cumplió.

La herida de injusticia: “nunca alcanza”

Perfeccionismo, autoexigencia, dificultad para mostrar lo que sentís. Personas que funcionan perfecto hacia afuera y por dentro están agotadas. Si te reconocés acá, no estás sola: es de las que más aparecen en consulta.

¿Cómo saber cuál es mi herida?

Esta es la pregunta que más me hacen. Y te digo algo: casi nadie tiene una sola. Lo habitual es que tengamos dos o tres heridas de la infancia más activas que otras, y que aparezcan según la situación (no es lo mismo en la pareja que en el trabajo).

Más que hacer un test, te propongo algo más simple: la próxima vez que reacciones “de más”, frená un segundo y preguntate ¿esto que siento es por lo que pasa ahora, o me hace acordar a algo de antes? Esa pregunta, sola, ya empieza a abrir la puerta.

¿Las heridas de la infancia se pueden sanar?

Sí. No en el sentido de que desaparezcan para siempre, sino de que dejan de manejar tu vida. Empezás a darte cuenta de cuándo habla la herida y cuándo hablás vos. Y en ese espacio chiquito aparece la posibilidad de elegir distinto.

Desde la psicología humanista, que es la mirada con la que trabajo, partimos de una idea que a mí me encanta: todas las personas tenemos una tendencia natural a crecer. La herida no es un defecto. Es algo que en su momento te protegió. Ahora podés agradecerle y elegir otra cosa.

Lo que trabajamos en el Diplomado en Desarrollo Personal

Mirar las heridas de la infancia es parte de lo que trabajamos en el Diplomado en Consultoría en Desarrollo Personal. Y algo que siempre les digo a las alumnas: antes de acompañar a otra persona, tenés que haber mirado tus propias heridas. Por eso el diplomado tiene las dos partes: tu proceso personal y las herramientas para acompañar a otros.

Muchas llegan “por ellas” y terminan descubriendo que quieren dedicarse a esto. Otras llegan porque ya acompañan personas (desde el coaching, la docencia, las terapias naturales) y sienten que les falta una base sólida. Las dos puertas están bien.

Es online, con clases en vivo que quedan grabadas, y con certificado.

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Y si mientras leías te reconociste en alguna de las heridas, contame cuál. Me encanta leerlas. 💛

Laura Tonelli
Co-directora de Instituto Genki · Consultora en Desarrollo Personal